El peligro de las sectas



En momentos de crisis personal y social, las personas se vuelven más susceptibles a ser captadas por las sectas. Por ello me apetece tratar este aspecto por si a alguien le sirve de ayuda en estos momentos de clara crisis en que nos encontramos.

En mi entorno resulta extraña a la palabra SECTA.

Siendo española estoy educada en la religión Católica. Mis abuelas eran practicantes, pero no mis padres, lo cual me ha dejado crecer en un entorno más liberal, sin tanta influencia ni norma.

Siempre, sin embargo, me ha atraído la espiritualidad y me he preocupado de conocer algo de otras muchas religiones. Algunas me parecen más sanas que otras y dentro de ellas, también, veo algunos aspectos son más perjudiciales que otros.

Una de las primeras cuestiones filosóficas que las diferencian es si consideran al hombre bueno por naturaleza, malo por naturaleza o ni bueno ni malo por naturaleza (o lo que es lo mismo bueno y malo a la vez).

Cuanto más exista la creencia de que el hombre es malo por naturaleza, más necesario se hace dentro de esa religión crear formas de control estricto externo: normas y castigos dictados por el dirigente que se supone portavoz del ente supremo.

Así, se construye una imagen ideal de cómo uno debe ser que se contradice con la realidad personal de cómo uno es. Esto genera sentimientos de culpa y vergüenza y hace que los aspectos de la personalidad que no encajan con esa imagen ideal se deban de ocultar a los demás y también a uno mismo. De esa ocultación nadie sale indemne. Surgen graves daños para uno mismo y para los demás, ya que esos aspectos que quedan ocultos, quedan condenados a su perversión.

Un ejemplo seria la ira. Es uno de los pecados capitales del cristianismo. Al no estar permitida, la persona la oculta y tal vez la esconda tras una norma. “Las cosas tienen que hacerse así por el bien común”, dice, volviendo su actitud intolerante y dictatorial y poniéndose a sí mismo en la élite, ya que “sabe lo que hay que hacer y lo cumple”. Expresa la ira encubierta con falta de respeto hacia los demás, que quedan por debajo, pero ya no es una ira personal. Es un “yo soy mejor que tu”, que parece carente de ira, pero que esconde una profunda agresión al otro.

Igualmente ocurre con la sexualidad, cuando se desvía de su objeto natural: las relaciones sexuales entre adultos, y se convierten en oculta pederastia.

Al final, la imagen del ser ideal (bueno, compasivo, que no se enfada, comprensivo, trabajador, caritativo, pone la otra mejilla, asexual, generoso,…) que deberíamos ser, contrasta con la realidad de nuestra existencia. A veces ser compasivo, trabajador,… nos saldrá por naturaleza (somos todas estas cualidades tanto como las contrarias), pero no podemos cumplir el criterio estricto de ser siempre así. Por ejemplo podemos no responder a quien nos da una bofetada, pero hacer que no nos duela y que no nos quedemos resentidos por ello si no nos piden disculpas, es imposible, o nos exige una anulación personal muy grande, lo que supone una insanía al privarnos de la capacidad de respuesta con la que la naturaleza (e incluso quien lo quiera ver como Dios) nos ha dotado para protegernos y utilizar en función de nuestras necesidades y de nuestras posibilidades según lo que ocurre a nuestro alrededor (no seria muy sano reaccionar en el momento frente a un ejercito armado).

Por otro lado, las religiones también sirven y surgen para salvar a la gente de la angustia frente a su percepción de pequeñez y limitación. Nos regresiona a la infancia en la que un padre nos cuida y decide por nosotros. Como todo en la vida el asunto es que nuestras decisiones van en lote: me quedo dependiente de papa y soy un niño pequeno al que otro cuida, o soy un adulto, me hago cargo de mi mismo y vivo en una realidad que a veces no me gusta. Desde la salud a veces necesitaremos una cosa y a veces la otra y poder elegir entre las dos con una adecuada percepción de la realidad, nuestros recursos, nuestras limitaciones y nuestras necesidades.

Así, en el lado positivo, las religiones sirven para lograr un sentido de trascendencia: la vivencia de participar en algo más grande de lo que uno es compatibilizándola junto a la vivencia de nuestra propia pequeñez.

A la vez establecen un encuadre de lo que en general es útil para la convivencia social, otorgando protección y nutrición a sus fieles.

Por contraste, el asunto de las sectas va más allá. Tienen, en muchos casos, los mismos principios, pero son llevados al extremo, y ya sabemos que cuando algo lo llevas al extremo puede acabar siendo poderosamente dañino.

Exigen devoción y someterse a un conjunto estricto de normas, ya que la secta es poseedora de la verdad absoluta. Aleja a la persona de su familia y amigos y causan un daño psicológico que disminuye, cada vez más, la autoestima de la persona, contribuyendo a su explotación personal. Así, el adepto, acaba actuando en función del interés de los líderes sectarios en contra del interés propio.

El individuo debe adecuarse a una imagen externa, debe ser otro, debe ser “perfecto” espiritualmente, y tan elevados ideales, inalcanzables, contribuyen a los sentimientos de inadecuación, personal, culpa, vergüenza y baja autoestima.

Sus bienes deben ser donados a la comunidad en busca, de nuevo, del interés común frente al individual. En otros casos se exige simplemente deshacerse de ellos, quemándolos, por ejemplo, en un acto claro de disolución de la propia individuación.

La persona, individual, debe dejar de serlo. Se refugian, para ello en la necesidad de la disolución del ego.

El tema fundamental es como utilizan verdades universales, asuntos en los que todo el mundo puede estar de acuerdo, manipulándolos en su propio beneficio, corrompiéndolos.

Seguro que es bueno deshacerse del ego (imagen), pero para llegar a ser uno mismo, no para llegar a ser lo que otro quiera que seamos.

Como a veces la confusión llega a tal extremo que esas ideas del otro acaban siendo las propias, dejaré algunos criterios que puede que sirvan a quien se encuentre en esta dañina situación y que le sean útiles para plantearse si necesita pedir ayuda externa:

- Baja autoestima
- Sentimientos de culpa
- Vergüenza
- Orgullo excesivo de pertenencia a un grupo sectario (sobrecompensación de los sentimientos de inadecuación)
- Alejamiento de amigos, familia,… cuando ellos no pertenecen a dicho grupo.
- Insensibilización frente al dolor vital
- Mayores niveles de angustia
- Mostrarse alegre y entusiasta todo el tiempo (escondiendo de los demás y de si mismo sentimientos menos “aceptados”)
- Dependencia
- Intransigencia en los modos de pensar
- Miedo
- Regresión a un estado “infantil”, más pasivo frente a la vida y la realidad, menos autoresponsable
- Deterioro físico
- Mirada pérdida, excesiva jovialidad,… (se percibe como algo no natural, vital cambiante, una falsa expresión de la realidad interna o una desconexión de la misma)
- …

Se trata de un tema muy amplio. Si te interesa profundizar en el puedes conseguir mayor información en los siguientes links:

Apoyo a víctimas de sectas
http://victimasectas.com/indx.html

Sectas Destructivas Generadores de Trastornos de Personalidad
http://victimasectas.com/TrastornosMentales.html

Información sobre sectas
http://www.pepe-rodriguez.com/

Actualidad sobre sectas
http://www.educasectas.org/

Introducción al estudio de las sectas. Papeles del psicólogo.
http://www.papelesdelpsicologo.es/vernumero.asp?id=837

Información y tratamiento en Madrid y Valladolid
http://www.psicokairos.es/psicoterapia.html


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