Tomar decisiones a la mañana, una mala idea

Científicos alemanes demostraron que pensamos y actuamos más o menos rápido de acuerdo a la hora del día.

Pablo Kummetz

¿Cuál es el mejor momento del día para tomar una decisión? Esta pregunta fue el objetivo de la investigación que encararon los científicos Daniel Bratzke, Bettina Rolke y Rolf Ulrico, del Instituto de Psicología de la Universidad de Tubinga junto con Maren Peters, de la Universidad Humboldt de Berlín.

Para analizar el tema, los investigadores desarrollaron un experimento en el que se pudieron diferenciar tres fases en el análisis de la información: la percepción; el procesamiento de la información y la toma de decisiones, y por último, la transformación de la decisión en una acción (llamada motriz).

Con el experimento se pudo probar que la de toma de decisiones se vuelve más lenta a partir de las 23 horas, alcanzando su punto más bajo alrededor de las siete de la mañana. Los resultados de la investigación fueron publicados en la edición de mayo de la revista Psychological Science.

En el período de pruebas, seis hombres debieron permanecer despiertos por 28 horas en un laboratorio con condiciones lumínicas constantes, para que no pudieran saber qué hora era. Cada dos horas los científicos confrontaban a los participantes con dos problemas sucesivos, a los que debían reaccionar rápidamente y que en parte se superponían temporalmente.

Así, a un sonido agudo o grave había que responder con la pulsión de una tecla a la izquierda o a la derecha de la persona respectivamente. Otra de las pruebas se basó en una serie de imágenes con una "X" o con una "O" que aparecían en una pantalla durante fracciones de segundo y las personas tenían que responder con la mano derecha pulsando una tecla correcta de dos a disposición.

Ciclos y decisiones

El biorritmo de la persona fue medido a través de la concentración de melatonina en la saliva, la temperatura corporal y la somnolencia subjetiva. La concentración de esta hormona aumenta a partir de las 22 a 23 horas y luego disminuye, alcanzando su mínimo a las siete de la mañana. Las reacciones más rápidas se registraron a las 23hs; y las más lentas, a las siete de la mañana.

De ello, los investigadores concluyeron que los procesos centrales de toma de decisiones se ralentizan durante la noche y alcanzan su nivel más bajo por la mañana temprano. Como los tiempos de reacción se acortaron nuevamente antes del mediodía, se dedujo que los efectos medidos no se debían a la somnolencia, sino al biorritmo.

Que el procesamiento de información obedece a ciclos diarios y se ralentiza durante la noche, tiene efectos prácticos. Muchas tareas suponen la coordinación de subtareas, por lo que pueden verse afectadas por el cuello de botella en el procesamiento cerebral de información. Para decirlo un poco más simple: debería evitarse resolver problemas complejos por la mañana temprano.

 

Clarín.com:
http://www.clarin.com/diario/2007/05/04/conexiones/t-01411662.htm


 

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