Qué esconde la masacre que conmueve al mundo

La matanza en la universidad de Virginia abrió un gran interrogante sobre las causas de semejante tragedia. El drama de la violencia escolar que se repite en EE UU tiene, según los especialistas, un complejo origen multifactorial

Estados Unidos ha ocupado en los últimos días de manera casi excluyente las primeras planas de todos los diarios del mundo y ha sido principal título de noticieros radiales y televisivos por un nuevo hecho de violencia en sus aulas, esta vez en la universidad Virginia Tech, donde el estudiante surcoreano Cho Seung-Hui la emprendió a tiros dentro del centro educativo y acabó con la vida de 32 personas antes de suicidarse.

El sangriento hecho, por su magnitud, se convirtió en la mayor masacre cometida en una institución educativa en la historia norteamericana. Y todos se preguntan el por qué de semejante tragedia. ¿Por qué una sociedad tan avanzada como la norteamericana no puede terminar con el drama recurrente de la violencia desmedida en sus escuelas y universidades? Simplemente, ¿por qué?

Y la respuesta no es sencilla. Si bien Estados Unidos no constituye el único país del mundo donde sus ciudadanos cometen actos de violencia mortal contra profesores, administradores y estudiantes en recintos escolares -cabe recordar la masacre en una escuela pública de Dunblane, Escocia, en 1996, donde un individuo mató a balazos a 16 chicos y a su maestra, y luego se suicidó, o la matanza de Carmen de Patagones en nuestro país, donde un adolescente de 15 años mató a tres alumnos de su escuela y causó heridas a otros cinco-, las tragedias en centros educativos se repiten dolorosamente en suelo norteamericano.

EL CINE CRITICO DE LA VIOLENCIA

Tristemente célebre es el caso de la escuela en Columbine, Colorado, donde dos adolescentes mataron a tiros a doce estudiantes y un profesor, antes de suicidarse, en 1999. La matanza de Colorado motivó al director Michael Moore a realizar un documental, "Bowling for Columbine" (2002), que ofrece una visión controvertida e inflexible de la patología de violencia y miedo en Estados Unidos, el país con el mayor índice de asesinatos por armas de fuego del mundo y donde el número de las mismas sobrepasa al de votantes y televisores. "¿Somos una nación loca por las armas o, sólo, estamos locos? ¿Es culpa de Charlton Heston y de la Asociación Nacional del Rifle? ¿O son los conflictos sociales aún por resolver los que causan tantas muertes?", son algunos de los interrogantes que plantea Moore en su multipremiado filme. "Elefante" (2003) es otra película del director norteamericano Gus van Sant que, preocupado por la violencia adolescente en su país, vuelve a abordar el tema, inscribiendo la masacre de Columbine no como un suceso extraordinario o una alteración de la normalidad estudiantil, sino, por el contrario, como manifestaciones de la "banalidad del mal", lo cual potencia de manera notable el efecto de shock.

Pero, lamentablemente, Columbine no es la excepción sino la regla. Es muy frecuente en Estados Unidos el ataque con armas de fuego en centros educativos que, en la mayoría de los casos, termina en un desenlace fatal, con la muerte de alumnos, de docentes y del atacante. La mayoría de esos ataques son cometidos por estudiantes de la misma escuela.

ACUSACIONES

Es muy difícil explicar qué motiva a uno o varios estudiantes a presentarse en su escuela y agredir mortalmente a sus compañeros de estudio. Muchos culpan a George W. Bush por seguir permitiendo la venta libre de armas. Pero es una razón insuficiente. Canadá, por citar un ejemplo, alcanza cifras similares a las de Estados Unidos en lo que hace a la compra doméstica de armas, y la tasa de muertes violentas es prácticamente inexistente.

Otros ponen su dedo acusador sobre la televisión o los videojuegos. Mucho se habló de Columbine Massacre RPG, el juego de rol que recrea la masacre de Columbine. Desde su aparición el 20 de abril de 2005 -sexto aniversario de la matanza- su éxito continúa en aumento. Las descargas ya no se realizan solamente desde la página oficial, sino que varios portales lo postean para bajarlo. Tan polémico como descargado, el título da la posibilidad de "manejar" a Eric Harris y Dylan Klebold, los asesinos de Columbine. El creador de este particular juego (que se hace llamar Columbis) afirmó que "deseaba que la gente se sacuda o al menos, reflexione sobre las masacres en las escuelas". Para muchos, el juego es una atrocidad y lo único que provoca es más violencia. En el caso de Columbine RPG la realidad inspiró al juego, pero en la masacre real ¿el juego inspiró la realidad? Con todo, sólo un pensamiento simplificador echaría la culpa de estas tragedias a los videojuegos.

FACTORES CONCURRENTES

Según especialistas en psicología y psiquiatría, estos aberrantes hechos de violencia están motivados por una confluencia de factores sociales, económicos y psicológicos. Y focalizan en el "espíritu bélico" de Estados Unidos, con hitos sangrientos en su historia, como Vietnam o Irak. A esto suman ciertas condiciones de marginalidad, exclusión social, ansias de fama y fácil acceso a armas de fuego de los autores, que en general han premeditado lo que van a hacer en busca de reconocimiento, aunque sea póstumo.

El estudiante surcoreano Cho Seung-Hui, autor de la masacre de Virginia y habitante del campus universitario era, según sus compañeros, "el tipo de persona que sí imaginas empuñando un arma y perdiendo los estribos. Solitario, conflictivo y obsesionado con la violencia, Cho fue interrogado por la policía a fines de 2005, tras las quejas de un grupo de compañeras del campus que lo acusaban de molestarlas con mensajes y llamadas telefónicas. A raíz del incidente, el compañero de habitación del asesino alertó a la policía de que existía riesgo de que Cho tratara de suicidarse y pidió a los agentes "una orden de detención temporal" para que lo evaluaran en un psiquiátrico, donde las pericias determinaron que era "peligroso para sí mismo y para terceros". Sin embargo, Cho volvió a compartir la vida universitaria con sus compañeros como si nada pasara.

ASESINOS MULTIPLES

Durante décadas, los psicólogos forenses han intentado trazar un perfil de un "típico" asesino múltiple, con la esperanza de entender qué puede impulsar a una persona aparentemente normal a cometer un acto tan horrible. Pero incluso ellos lograron trazar apenas un ligero esbozo. "No existe un único perfil de asesino serial", afirma Jana Martin, psicóloga de Long Beach, California. Algunos matan por venganza, otros matan por fama; otros revelan señales de advertencia obvias mientras que otros atacan inesperadamente; algunos caen sobre gente que conocen, y otros simplemente buscan el blanco más próximo. Cho, según Louis Schlesinger, profesor de psicología forense en la Universidad John Jay de Justicia Criminal, "tenía tanto odio que no quería matar a una persona específica. Simplemente quería matar".

Los investigadores que intentan comprender los asesinatos múltiples tienen pocas pruebas para trabajar, afirma Schlesinger. Los asesinatos múltiples son extremadamente raros, y la mayoría de los asesinos son baleados por la policía antes de que se los pueda detener, o se suicidan, como habría hecho Cho. Eso ha impedido que los psicólogos lleguen a comprender plenamente los motivos del asesino; a falta de asesinos para interrogar, deben reunir pistas aportadas por quienes conocieron a los atacantes. "Después de estos episodios, todos se vuelven psicólogos y miran hacia atrás buscando señales de advertencia," asegura Jack Levin, psicólogo forense de la Northeastern University que el año pasado dio una conferencia sobre asesinato serial en Virginia Tech. Pero las observaciones de amigos y familiares suelen no ser confiables -añade- y se basan más en el recuerdo que en otra cosa.

No obstante, los psicólogos tienen algunas certezas acerca de quién tiene más probabilidades de cometer los crímenes más serios. Más del 90 por ciento de los asesinos son hombres, y lo mismo resulta aplicable en el caso de los asesinos seriales. "No recuerdo ningún caso en el que una mujer haya hecho una cosa así," dice Schlesinger, en parte porque los hombres tienen más acceso a las armas de fuego, que son usualmente las que se usan. Los asesinos generalmente tienen entre 20 y 35 años, aunque hay muchos adolescentes que no superan la edad de 16. Usualmente no han cometido serias infracciones a la ley. Y, en general, no son psicópatas, aunque así suelen ser identificados en los medios. "Un psicópata es alguien con poca conciencia, pocos vínculos interpersonales, alguien tranquilo y manipulador", añade Schelsinger. "Esa personalidad no tiene nada, pero nada que ver con el asesinato en masa".

PERSONALIDAD PARANOIDE

En cambio, el tipo de personalidad más frecuentemente asociada con el asesinato múltiple es en cierta medida la opuesta a la del psicópata. Dista mucho de ser sereno; se siente, en cambio, agredido, herido, y sobre todo es paranoide. Algunos asesinos múltiples podrían estar intentando ejercer poder sobre un mundo que los hace sentir impotentes. "Esta gente suele sentir que se les ha hecho una gran injusticia. Están enojados y quieren vengarse y desquitarse con el mundo," dice Schlesinger. "Entonces desarrollan la idea de que asesinar solucionará su problema, sea cual fuere, y la convierten en una fijación. Finalmente, llegan a sentir que no hay otra solución."

Los problemas que los asesinos intentan "resolver, aunque horriblemente, pueden ser de cualquier tipo: la pérdida de un empleo, un revés económico, o una ruptura amorosa (varios compañeros de Cho les dijeron a los periodistas que él estaba buscando a su novia). Pero estos reveses aparentemente menores y que llevan a los asesinos al borde del precipicio, suelen ser los últimos percibidos por ellos como una larga serie de insultos y dificultades. "No es que uno se saca una mala nota y abre fuego sobre 30 personas," agrega Levin. "Se requiere una larga serie de frustraciones. Estas personas sufren depresión crónica y se sienten miserables."

DETECCION DIFICIL

Los asesinos potenciales, especialmente los jóvenes, son muy sugestionables. En sus mentes imprevisibles, el "factor imitación" suele tener una importancia agregada. Los asesinatos de Columbine han inspirado varios planes similares. Algunos asesinos múltiples pasan un año o más trazando sus planes. En ese tiempo, pueden dejar pistas sobre sus intenciones. Pero estas pistas no siempre son fáciles de ver. Peter Cheras, psicólogo clínico de la Universidad de Virginia, dice que una de las claves para reconocer serias señales de advertencia es saber cuáles tienen probabilidades de concretarse en la vida real. "La gente necesita distinguir entre amenazas transitorias- cosas que suceden en un momento de enojo pasajero- y amenazas serias que tienen probabilidades de ser concretadas. No se puede saber con exactitud, pero si la persona está deprimida, abatida o tiene ideas suicidas, habría que tomarlo con más seriedad."

Desafortunadamente, puede que para entonces sea demasiado tarde. Una vez que una persona ha decidido cometer un asesinato masivo, es muy improbable que admita que está deprimida o busque ayuda psicológica, y también puede cortar muchas relaciones con amigos que podrían aconsejarle hacerlo. De hecho, los asesinos múltiples tienen usualmente una sola forma de terminar sus planes y de esa manera poner fin al dolor que sienten. La mayoría de ellos se suicidan, según Levin, o permiten que los alcance una bala policial. En la muerte, al menos, sienten que pueden abandonar el dolor y el enojo que llevan dentro. "Quizás piensen 'Puede que nunca llegue a nada, pero voy a morir llegando a algo. Esta es la marca que dejo en el mundo, mi proclama final," concluye Martin. "Es la fantasía de tener la última palabra, aún cuando no vivan para verlo".

El especialista en psicología clínica y primer Defensor del Menor en España ofreció ayer en el colegio Cisneros Alter una conferencia sobre ‘El atractivo reto de la educación”

DOLORES ARVELO

LA LAGUNA.– El especialista en Psicología clínica, Javier Urra, afirmó ayer que “el maestro está muy infravalorado” en la sociedad actual.

Urra, que fue el primer Defensor del Menor en España entre los años 1996 y 2001, hizo estas declaraciones en una rueda de prensa, previa a la conferencia El atractivo reto de la Educación, que impartió ayer en el colegio Cisneros Alter de La Laguna.

Para el psicólogo la idea de “unir adolescente a anorexia o botellón es exagerada” porque “aunque haya chicos así, la mayoría de los chavales españoles son sanos”.

En este sentido, subrayó la importancia del papel de la formación porque, según dijo, “parto del criterio de que la educación lo puede todo”.

Urra aseguró que la principal preocupación de los niños en España es por una parte, “el fácil acceso que tienen a las drogas”, donde las Administraciones tienen una gran responsabilidad y por otro lado, que “muchos niños, teniéndolo todo no son felices, sino que se divierten ridiculizando a los demás”.

Afirmó que en algún momento de sus vidas los adolescentes van a entrar en contacto con las drogas, pero “sólo unos pocos caerán y eso depende de la formación”.

Asimismo, señaló que “estamos haciendo niños tiranos” y subrayó como un gran problema de la sociedad “los jóvenes que agreden a los padres”.

El autor del El pequeño dictador (2006) hizo referencia a que “en muchos casos nos falta la figura del padre varón” y distinguió tres tipos de padres: el muy comprometido, el padre “light” y el “desaparecido en combate”, que hace todo lo posible por no estar nunca en casa. En este sentido, matizó que no es que las mujeres no sepan educar a sus hijos, sino que “no es fácil educar a un niño en una familia donde el padre está, pero es como un satélite”, que aparece y desaparece.

Añadió que “en España hay muchos niños desvinculados de los padres”, porque nadie ejerce una autoridad y subrayó que la idea de “ser colega” de los hijos, no beneficia a los menores, puesto que necesitan tener un punto de referencia en su formación como personas.

Educar a fondo perdido

Javier Urra destacó la importancia del “maestro vocacional”, que tiene una gran influencia en la educación de los niños, pero recordó que la tarea de educar también compete a los padres y a los medios de comunicación.

Aseguró que “el maestro está muy infravalorado” en la sociedad actual y que “hay que retomarlo”. Añadió que a la hora de enseñar “hay que dar mucho a fondo perdido”, educando “desde el vínculo y el apego”, sin esperar contrapartidas.

El especialista destacó la labor de colegios como el Cisneros, donde se busca una enseñanza integral de los niños enseñándoles una serie de valores como la solidaridad con los demás o el respeto al cumplimiento de unas normas sociales.

Asimismo destacó que, según estudios recientes, “España es el sexto país en donde los niños se sienten más felices”.

El dia:
http://www.eldia.com.ar/edis/20070423/revistadomingo0.htm

 

 

 

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