Nada es igual tras un episodio traumático

ENTREVISTA CON BEGOÑA ODRIOZOLA. Coordina la unidad de emergencias del Collegi de Psicòlegs de Catalunya. 60 personas siempre dispuestas a acudir al lugar de la catástrofe para contener el caos.

ÀNGELS GALLARDO

--¿Cómo transforma un shock?
--Lo importante no es lo que pasa, sino cómo lo vive cada cual. Por definición, te quedas conmocionado: no entiendes qué está pasando, no te reconoces a ti mismo. Hay quien se queda disociado, como si la cosa no fuera con él. Congelado. Un herido del 11-M, que quedó inconsciente, explicaba que lo primero que hizo al despertar fue mirar si estaba vivo y si a su cuerpo le faltaba algo. Cuando vio que estaba entero, se dijo: "¡Vale!". Lo demás era secundario.

--¿Y en los días posteriores?
--El cuerpo y la mente reaccionan, porque se ha vivido un acontecimiento que sobrepasa su capacidad de asimilación. Aparecen los pensamientos obsesivos, recurrentes, siempre las mismas imágenes, es difícil la concentración. Hay una ruptura con tu vida anterior. Nada es igual tras un episodio traumático.

--¿Cómo se sale de esa situación?
--La mayoría de las personas, casi un 90%, están capacitadas para resolver solas psicológicamente lo que les ha pasado. Nuestra función es ver quién necesita ayuda, y ofrecérsela.

--¿Con qué objetivo actúa un psi- cólogo de emergencias?
--Lo que más nos importa es que la persona active sus propios recursos, que reconozca qué le está pasando. Ayudarle a transitar, a su manera, el proceso de recuperación. Intentamos evitar que sufra más de lo que es inevitable sufrir, que no se bloquee ni se vuelva loco ante una crisis de ansiedad. Que reanude su vida sin experimentar de nuevo aquel acontecimiento meses después.

--¿Cuándo empezaron a actuar?
--En el 2005, tras el hundimiento del Carmel. No fue un episodio de máxima gravedad, pero hubo múltiples situaciones de crisis social: pérdida de viviendas, desalojos, meses alojados en hoteles... Yo comparaba la situación con la de un campo de refugiados, pero de lujo, en un hotel.

--¿Están preparados para lo peor, una catástrofe en Catalunya?
--Trabajamos para estar preparados del todo. Creo que los psicólogos estamos suficientemente organizados. Falta coordinación con el resto de instituciones que deberían actuar.

--¿En qué situaciones les llaman?
--Cuando hay niños implicados o múltiples víctimas. A diferencia del resto de España --donde pertenecen a Interior--, aquí nos integramos en el servicio del 061. Para nosotros, era importante actuar con los sanitarios. Esta es una especialidad en construcción. En toda Europa se está definiendo qué cualidades debe reunir el psicólogo de emergencias.

--¿Y qué cualidades son esas?
--Han de ser personas muy creativas, curiosas y con gran capacidad de improvisación. Sin eso, no funcionan. El psicólogo de emergencias, en general, se siente cómodo en situaciones extremas y graves. Necesita una carga de adrenalina superior a la de otros profesionales. Aunque trabaje bien, vibra muy poco en una consulta convencional. Se aburre.

--¿Nunca se derrumban?
--Aquí no nos ha pasado, pero tampoco hemos sufrido una catástrofe extraordinaria. En el 11-M, en Madrid, sí que ocurrió eso, y mucho. Había psicólogos con poca formación y se acabó, literalmente, atendiéndolos a ellos. Más de uno se desmayó al acompañar a un familiar para reconocer a un cadáver. Se improvisó mucho. Reclutaron a 1.400 psicólogos, y no existían tantos profesionales preparados, y formados, para una situación tan extrema.

--¿Cómo desconectan ustedes de lo que ven y experimentan?
--Quien interviene en una emergencia está obligado a no irse a casa sin antes reunirse con los compañeros y un psicólogo ajeno al suceso. Ofrecemos ese mismo espacio a los bomberos y policías, que hacen una labor antibiológica: van hacia el fuego y el peligro, en lugar de salir corriendo, como pediría el cuerpo. Ahí aparecen las emociones: cómo se han sentido, cómo están, qué fallos creen haber cometido. Se trata de cerrar la intervención y volver a casa como persona. Esas reuniones protegen a sus parejas. Evitan divorcios.

--Les devuelven a la otra realidad.
--Como personas y como terapeutas hemos de estar muy vigilantes: te encuentras con situaciones tan graves y de sufrimiento tan intenso que luego todo te parece una tontería. Viene tu pareja, te cuenta que le han insultado en el trabajo y la envías a hacer puñetas diciéndole que eso no es importante. Minimizas su sufrimiento. Todo te parece una bobada. Eso es lo que debemos evitar.

--¿Lo consiguen?
--Obviamente, no somos oficinistas ni funcionarios y nos vamos a casa con los recuerdos, pero intentamos que eso no nos impida trabajar y relacionarnos. Eres un buen psicólogo si conectas con el malestar de quien tienes delante, sea de la gravedad que sea, y le ayudas. Dicho esto, es evidente que tus prioridades personales cambian cuando estás en contacto con el sufrimiento. Cada acontecimiento te transforma.

 

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