Miles de españoles con miedo al avión se someten a «peligrosos» vuelos virtuales

Para vencer el miedo a volar, las compañías aéreas ofrecen cursos que combinan información técnica del avión con pautas psicológicas y que finalizan con un viaje real. Uno de estos seminarios, el de iberia, incluye también una sesión en un simulador aéreo donde se recrean las situaciones más temidas

MARÍA SAINZ

Dos luces rojas y una señal acústica. Un motor del avión está ardiendo. El comandante actúa con rapidez, para el motor afectado y extingue el incendio. Pero la prueba no se acaba ahí. Ahora nieva y el tren de aterrizaje no baja. De nuevo, el piloto pone en marcha los mecanismos para solucionarlo. Vuelo finalizado con éxito. El simulador del Airbus 320 ha cumplido su misión. En esta ocasión, no se trata de entrenar a profesionales de la aviación sino de ayudar a un grupo de 18 personas que sufren aerofobia o miedo a volar. La máquina, situada en el centro de instrucción de La Muñoza (Madrid), simula con todo detalle las situaciones normales y de emergencia que pueden darse en el aire. Entre ellas, algunas de las que más temen las personas con esta fobia: el despegue, el aterrizaje o las turbulencias.

Minutos antes del aterrizaje, la niebla inunda el horizonte. El comandante carece de visibilidad para acercarse a tierra pero mantiene la calma. Es una situación normal pero provoca verdadero pánico en algunos pasajeros. Introduce las coordenadas, la velocidad y la altura y se deja llevar por el piloto automático. El aterrizaje lo hará el ordenador, como tantas otras veces, y el aviador sólo deberá controlar que éste cumple sus directrices. El vuelo ha sido un éxito, igual que el anterior en el que se quemó un motor o en el que sólo bajaron dos de las tres ruedas del tren de aterrizaje.

Una vez al año, como mínimo, los pilotos tienen la obligación de someterse a un 'reciclaje'. Es decir, entrenan en un simulador de vuelo cómo afrontar las distintas situaciones que pueden presentarse, con mayor o menor probabilidad, en el aire. No es como practicar con un simple videojuego. Las máquinas fabricadas por la empresa canadiense CAE muestran la realidad tal y como es, con sus movimientos, sonidos e imágenes. Esta realidad virtual es uno de los puntos fuertes del curso que ofrecen Iberia y la compañía Wolters Kluwer para perder el miedo a volar.

La experiencia en el simulador hace las veces de catarsis. Los participantes liberan sus miedos al exponerse a la causa que dispara sus niveles de ansiedad. «Entré llorando aunque sabía perfectamente que no era un avión», afirma Gabriela, una de las 3.000 personas que han participado en este seminario desde su inicio en 1990. Dentro de la máquina, además de dejar fluir los sentimientos, es posible encontrar respuesta a las dudas que suelen surgir en pleno vuelo. ¿Por qué se mueve el avión de esta forma? ¿Por qué ha dado ese golpe al aterrizar? ¿Es normal que se muevan las alas? Este tipo de información también la obtienen los participantes en varias sesiones teóricas, agrupadas en los dos días de duración del curso (vea el vídeo en 'www.elmundo.es/elmundosalud/index.html').

APOYO ESPECIALIZADO

La información técnica por sí sola no es suficiente, también hace falta ayuda psicológica. Las clases que explican cómo vuelan los aviones se complementan con distintas pautas psicológicas para aprender a enfrentarse al miedo irracional que sienten estas personas. La experiencia en el simulador y en un vuelo real sirve a los afectados para conocer cómo reacciona su mente en el aire y poner en marcha lo aprendido. Sudoración, náuseas, retortijones, palpitaciones, sensación de ahogo... Los fóbicos conocen bien estos síntomas. El cuerpo siente miedo y, como es natural, emite señales de alerta.

«Piensan que no son normales por tener ansiedad pero eso es más sano. El que nunca siente miedo tomará conductas de riesgo sin darse cuenta», explica Luisa Martín-Cobos, psicóloga clínica e instructora del citado seminario. «Es un sentimiento natural del ser humano y le permite sobrevivir», matiza Pilar Loma, psicóloga de Alas y Raíces, la empresa que organiza junto con Spanair otro de los cursos para paliar la aerofobia en España.

El problema no radica en tener miedo sino en que no existe un peligro real que lo justifique. De hecho, el avión es el medio de transporte más fiable -es 25 veces más seguro que un coche- y prácticamente ninguno de los que padece esta fobia ha experimentado una situación de peligro en el aire. Por eso, es fundamental el manejo psicológico. Y, por ello, ambos cursos cuentan con la labor de un especialista en los avatares de la mente.

«Lo primero que debe hacer una persona con aerofobia es pedir ayuda a un psicólogo», afirma Luisa Martín-Cobos. Como explica Pilar Loma, «si no se trata, esta fobia puede generalizarse y sentir miedo al montarse en el coche, el tren o los ascensores». Ella misma añade que, en ocasiones, a algunas personas se les recomienda acudir a una terapia fuera del curso. «Tenemos poca cultura psicológica y creemos que van a pensar que estamos locos si pedimos ayuda. Nos atrevemos a decir que hemos vomitado porque un alimento estaba en mal estado pero no porque estábamos nerviosos», resalta Martín-Cobos.

«Han aprendido a volar mal y se puede modificar. Igual que si escribes torcido te pueden enseñar a escribir recto», añade esta experta con siete años de experiencia en el tratamiento de la aerofobia. El sujeto que sufre miedo debería aprender a sustituir las ideas irracionales y negativas por pensamientos reales y positivos. Ahí cumple su función el conocimiento técnico que obtienen en las clases teóricas.

Para identificar un posible caso de aerofobia, Luisa y el comandante Javier del Campo, ambos instructores del curso de Iberia, recogen en 'Feliz Vuelo. Cómo perder el miedo a volar avión' cinco de los criterios propuestos en el manual de diagnóstico de los trastornos mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría ('DSM-IV'): «Miedo intenso y persistente» a algo en concreto; ansiedad inmediata al exponerse a lo que causa el temor; reconocer que se trata de un temor irracional; evitar «el estímulo fóbico»; es un comportamiento que interfiere en «las actividades cotidianas del individuo, en sus relaciones laborales y sociales».

¿NECESITO AYUDA?

Una parte importante de los afectados de aerofobia presenta unas características personales que promueven estas ideas irreales. Las psicólogas de los citados cursos coinciden en que son individuos con un cociente intelectual más alto que la media y bastante imaginación. Estos factores, que por sí solos son positivos, se ponen al servicio del miedo y sirven de apoyo a convicciones tan brutales como que el avión puede estrellarse si en lugar de sentarse en un asiento del pasillo optan por la ventanilla. «La imaginación vuela, piensas que va a suceder de todo. Te montas toda una película», confiesa Gabriela, de 38 años. «Estos sujetos también suelen ser muy controladores y les cuesta delegar o confiar en el trabajo del otro», añade Luisa Martín-Cobos.

Con estas características, los participantes se enfrentan en dos ocasiones a la situación que más les estresa. El primer día, en el simulador recuerdan lo que sufrían al volar o lo sienten por primera vez. Eso les despierta el nivel de ansiedad y es el momento de trabajar sus miedos. Al día siguiente, tras un breve trabajo de grupo toca el vuelo, puro y duro. Un viaje de ida y vuelta, generalmente Madrid-Barcelona, en el que experimentarán sensaciones parecidas a las del simulador pero, en esta ocasión, contarán con más recursos para poder trabajarlas. Se viven los mayores momentos de estrés. En contra de su personalidad controladora, tienen que delegar y confiar en el buen estado de la aeronave, el entrenamiento de los pilotos, la exactitud de las directrices dadas desde la torre de control...

Muchos fóbicos desarrollan ansiedad simplemente pensando en un posible viaje, pero el mayor temor aparece en el avión, sobre todo cuando las puertas se cierran y se inicia el despegue. Por eso, los cursos destinados a tratar este trastorno incluyen una práctica real de vuelo. Es el momento en el que se intenta poner en marcha lo aprendido en las sesiones teóricas y en el simulador. Además, es hora de desacreditar alguna de las creencias que estas personas consideraban ciertas al 100% y que resultan ser totalmente falsas.

Levantarse para ir al baño, mirar por la ventanilla o incluso ponerse a saltar. Todo vale para desmitificar la experiencia de viajar en este transporte. «Se trata de que el avión deje de ser un medio desconocido y pase a ser más familiar», subraya Pilar Loma.

Cuando trabaja con sus pacientes, en tierra o en el aire, Luisa Martín-Cobos les ofrece algunos consejos. Como primera recomendación, les pide que no intenten detener o encubrir lo que están sintiendo: «A las personas con miedo a volar, precisamente por ese perfil que comentábamos, les gustaría poder controlar la ansiedad, pero lo más eficaz es no hacer nada. Si dejas que fluya, que te sientas nervioso, entonces sí te relajas. Es algo que deben atreverse a hacer porque de ansiedad no se muere nadie». Por eso, añade, «si alguien tiene miedo lo más adecuado, en lugar de decirle que no pasa nada, que se tranquilice, es mejor animarlo a que llore, a que exprese su ansiedad». Junto con esta técnica de 'invasión', algunos expertos también proponen pensar siempre en positivo y aplicar distintas técnicas para relajarse.

ALCOHOL Y FÁRMACOS

Para afrontar un vuelo, es bastante frecuente que los que temen la experiencia consuman fármacos ansiolíticos sin que se los haya indicado un psiquiatra. Algunos optan por beber grandes cantidades de alcohol. Luisa Martín-Campos hace especial hincapié en la gravedad de estas conductas. Beber para volar puede dar lugar a una fuerte dependencia, lo que complicaría el tratamiento de la fobia. Lo mismo ocurre con los medicamentos que algunos viajeros deciden tomarse por cuenta propia, sin pensar si son adecuados o no para ellos. «La medicación puede ayudar para trabajar con el paciente en el nivel de los pensamientos. Al reducir la ansiedad, la tarea se facilita. Pero el problema surge cuando la toman sin el control de un especialista», aclara. Y todo eso sin contar con los efectos secundarios que pueden tener estos 'apoyos' al llegar al lugar de destino. «Me ponía muy nerviosa y me tomaba dos pastillas de Orfidal. Así que cuando aterrizábamos estaba tan dormida que me tenía que ir directa a la cama», reconoce Gabriela.

En el desarrollo de una fobia, además del perfil personal, incide una múltiple variedad de factores. Las situaciones de estrés, positivo o negativo, son uno de esos elementos desencadenantes. Por ejemplo, el nacimiento de un hijo, el fallecimiento de un familiar, un aumento de responsabilidad en el trabajo o un accidente de coche. «En mi caso, estaba viviendo una situación negativa en la familia», apostilla Gabriela, quien se muestra contenta con el resultado del curso. La herencia genética, la influencia familiar o que una persona cercana haya sufrido alguna situación traumática y/o haya desarrollado aerofobia también pueden contribuir a que aparezca este tipo de miedo irracional.

Aunque cuando comenzaron estos seminarios la mayoría de alumnos era varón, el paso de los años ha igualado el porcentaje. Gran parte son personas que tienen que viajar por trabajo. Y algunos todavía no se han atrevido a coger un avión. Los participantes suelen ser de mediana edad aunque también hay jóvenes y jubilados. De hecho, estos últimos cada vez se apuntan más porque quieren aprovechar su retiro para viajar o porque desean conocer a sus nietos que viven en otros países. De vez en cuando, algún que otro famoso también intenta beneficiarse de las sesiones en grupo organizadas por las compañías aéreas.

Con un precio que oscila entre los 400 y los 600 euros (vuelo incluido), los responsables de los seminarios inciden en que no es una medida milagrosa; sino una herramienta más en la que apoyarse. «A veces te sigues asustando pero sabes por qué suceden las cosas y frenas la imaginación», apunta Gabriela. Ella participó en el curso de Iberia hace un año y se enorgullece del progreso realizado en ese tiempo: «Estoy planeando ir con una amiga a Japón».

No existe una varita mágica que haga desaparecer los males. «Nadie me va a quitar el miedo. Yo soy quien voy a 'desaprender' una serie de conductas», explica Luisa Martín-Cobos en su libro. El simple acto de volar no suele ser terapéutico por sí solo. Además de afrontarlo, el pasajero tiene bloquear las ideas irracionales que le causan ansiedad antes y durante el vuelo.

FRENTE AL PÁNICO

- Pida ayuda a un psicólogo. Como otras fobias, el miedo que siente a volar es irracional y es recomendable tratarlo.

- Procure entretenerse durante el vuelo. La música, la lectura o incluso los entretenimientos virtuales pueden ser de ayuda.

- Vele por su comodidad. Descarte la ropa ajustada, lleve una almohada de viaje y, si lo prefiere, elija el asiento del pasillo.

- Tranquilidad. Si se lo ha recomendado el especialista, puede tomar algún tranquilizante. No beba alcohol con esa finalidad.

- Asegúrese de ingerir suficiente líquido, mejor sin gas. Y, preferentemente, no viaje en ayunas.

- No se avergüence si está nervioso. Es fundamental poder expresar lo que está sintiendo, sin importar el qué dirán.

 

El Mundo Salud:
http://www.elmundo.es/suplementos/salud/2007/717/1183759218.html

 

 

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