La hospitalización domiciliaria cura el 80% de la anorexia

Una combinación de factores neurobiológicos y exógenos y antecedentes familiares de trastorno mental puede desencadenar la anorexia nerviosa. Cuando la familia se implica en el tratamiento, la tasa de éxito alcanza hasta un 80 por ciento de los casos.

S. Moreno

La familia ha pasado de considerarse responsable de la enfermedad mental a ser una pieza clave en el tratamiento de muchas de estas patologías. Tradicionalmente se explicaban las enfermedades psquiátricas de los hijos por los atributos de los padres. Como enumera el pediatra de origen argentino Tomás Silber, "se pensaba que la esquizofrenia aparecía por madres esquizofrenizantes o que el autismo se producía por padres fríos y distantes. Sin embargo, ahora conocemos la base biológica de estas enfermedades y ocurre lo mismo con los trastornos de la alimentación". Silber dirige la Unidad de Medicina del Adolescente y es profesor de Pediatría en la Universidad George Washington, en Washington, y ha participado en las XI Jornadas de Trastornos del Comportamiento Alimentario, organizadas por el Hospital Universitario Niño Jesús, de Madrid, que terminaron ayer.

"Hay pruebas recientes que indican la existencia de una diátesis cerebral o predisposición a padecer la anorexia nerviosa, y que el factor desencadenante es hacer dieta". Si las niñas con esta diátesis cerebral no hicieran régimen, los rasgos que las caracterizan podrían pasar desapercibidos: perfeccionismo; afán por la simetría y el orden; rigidez para abandonar ciertas conductas; resistencia al cambio, y rechazo al riesgo. Son peculiaridades que están inmersas en una sociedad de culto al cuerpo, con un nivel de exigencia muy elevado: demasiado para personas tan perfeccionistas.

El tratamiento de la anorexia ha experimentado en los últimos años un cambio de enfoque "gracias a que se ha adelantado el diagnóstico", ha matizado Gonzalo Morandé, jefe de la Sección de Psiquiatría y Psicología del Hospital Infantil Niño Jesús, y organizador de las jornadas. Así, es posible poner en práctica las pautas propuestas por los especialistas del Hospital Maudsley, en Reino Unido, conocido ya como modelo Maudsley de tratamiento de la anorexia, y que se basa en la integración de la familia en el abordaje de la enfermedad por medio de la hospitalización en casa.

Compromiso paterno
"Lo que se busca es un compromiso de los padres en el tratamiento de la enfermedad de sus hijas. Si en el hospital son las enfermeras las que se ocupan de que la paciente coma, con este modelo son los padres los responsables", explica Silber, que coincide con Morandé en los buenos resultados de esta estrategia terapéutica.

"Según nuestra experiencia, se puede alcanzar una tasa de éxito en el 80 por ciento de los casos. Eso sí, tienen que estar bien seleccionados: debe ser el primer episodio de enfermedad (la hospitalización domiciliaria no sirve en las recaídas); funciona mejor en pacientes más jóvenes (menos de 15 años); no debe existir peligro para su vida, y los padres tienen que comprender el programa y comprometerse con él". El ingreso hospitalario queda para los casos más extremos y las recaídas.

¿Es aplicable este tratamiento en una familia desestructurada? Según Silber, "la participación de la familia no consiste necesariamente en la acción del padre y de la madre: pueden ser otros dos adultos los que colaboren, como una tía y un hermano mayor". Lo más difícil es convencer a los padres: "Hay que recordarles los logros de su vida para transmitirles que también pueden cuidar a sus hijas ahora". Silber reconoce que una de las gratificaciones de su trabajo ocurre cuando una antigua paciente le llama para contarle que ha sido madre; entonces sabe que ya ha superado el miedo al cambio.

Precoces, alarmados, obesos
La edad de aparición de la anorexia ha bajado hasta el punto de que existen pacientes con ocho o nueve años. Un reciente esudio sobre la percepción que las niñas tienen de su propio cuerpo indicaba que a los diez años el rasgo más importante no es la cara sino el tipo. La parte positiva de esta tendencia a la precocidad es que ahora la anorexia se detecta antes. "Hace años llegaban casos muy graves, cuando ya había transcurrido un año de enfermedad; ahora vivimos la situación opuesta: en cuanto los padres tienen una sospecha acuden al médico y muchas veces el temor es infundado", aclara Tomás Silber. Sin embargo, este estado de alerta que ya ha asimilado la sociedad ante la anorexia aún no ha calado con otros trastornos, como la obesidad. Morandé razona que cada vez hay más niños obesos y pese a la alarma sanitaria no se observa aún una preocupación proporcional en los padres.

Diario Médico:
http://www.diariomedico.com/edicion/diario_medico/especialidades/psiquiatria/es/desarrollo/1062892.html

 

 

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