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Enfermos por falta de sueño

Por: Marta Ricart y Redacción
The New York Times Syndicate

BARCELONA, España.- Cada vez dormimos menos y más personas consultan al médico creyendo que sufren un trastorno cuando, a menudo, se trata solo de que no duermen las suficientes horas, sea por razones laborales, de ocio o por culpa de las preocupaciones. La acumulación de sueño insatisfecho genera problemas de salud. Lo evidencian cada día nuevos estudios.

El último, publicado este martes, demuestra mediante técnicas de diagnóstico por la imagen que si se priva a una persona del sueño, el cerebro no sabe controlar las emociones ante estímulos negativos. Esto ayudaría a explicar la irracionalidad emocional de nuestra sociedad, apuntan los científicos.

Aumenta el número de pacientes, de todas las edades, que van primero al médico de cabecera y después al especialista de hospital porque dicen no descansar, sienten cansancio ya cuando se levantan, ansiedad, somnolencia durante el día... “Vienen porque lo relacionan con un insuficiente descanso y creen que pueden sufrir apnea o narcolepsia (ambos, trastornos del sueño) o lo atribuyen a que roncan o temen otras dolencias, y muchas veces constatamos que el problema es que no duermen las suficientes horas”, explica Joan Santamaría, coordinador de la unidad del sueño del hospital Clínic de Barcelona.

“En menores de edad, llegan porque están cansados por la mañana, las madres creen que sus hijos pueden tener anemia o porque en el colegio han dicho que muestran falta de atención”, agrega Odile Romero, médica de la unidad del sueño de neurofisiología del hospital Vall d. Hebron. Algunas personas que acuden al médico resolverían su problema solo con dormir media o una hora más al día, señala Santamaría.

Estudios de Estados Unidos estiman que en dos o tres décadas se ha reducido en una hora el promedio de horas de sueño de la población adulta: de 7.7 a 6.9. Y si en 1985 decía dormir un máximo de seis horas el 27% de hombres y el 22% de mujeres estadounidenses de 30 a 44 años, o el 22% (en ambos sexos) entre los 45 a 65 años, en el 2004 dormía seis o menos horas el 33% de hombres de 30 a 65 años y el 30% de mujeres.

“Y nuestra especie no se ha hecho más resistente a la falta de sueño”, apunta Santamaría. En España se duerme un promedio de 7.30 horas en días laborables, y en los festivos no mucho más, solo media hora más.

Las causas de que se duerma menos de lo que sería aconsejable son diversas: personas que trabajan muchas horas (y además por la noche llegan muy cansadas y les cuesta conciliar el sueño), o más lejos de casa (lo que comporta desplazamientos), o en turnos (lo que dificulta conciliar el sueño por el horario irregular) o porque nos acostamos demasiado tarde por ver la televisión (o, sobre todo, los adolescentes, por jugar en el ordenador o la consola) o por salir mucho. La falta de sueño se da tanto en niños como adultos, apunta Romero.

Los médicos relacionan con el sueño insatisfecho síntomas como la irritabilidad y la falta de concentración y cada día más estudios vinculan a la falta de sueño diversas patologías físicas o mentales (véase la información adjunta).

A la lista de efectos nocivos, los científicos acaban de sumar otro: no dormir merma el control cerebral de las emociones, reaccionamos con mayor irracionalidad. Así lo demuestra un estudio realizado por especialistas estadounidenses de la Escuela de Medicina de Harvard (Boston) y la Universidad de California (Berkeley) y publicado por la revista Current Biology.

Los científicos estudiaron a 26 hombres y mujeres de 18 a 30 años y sanos. Una mitad durmió normalmente, y a la otra les mantuvieron en vela por la noche, es decir, no durmieron durante 35 horas. Les enseñaron un centenar de imágenes que empezaban siendo neutras y cada vez eran más negativas (hasta enseñarles cuerpos mutilados, niños con tumores...). Al analizar la reacción de su cerebro mediante neuroimagen, se constató que entre quienes no habían dormido la reacción cerebral-emocional era un 60% superior.

“Era como si el cerebro no fuera capaz de contextualizar los estímulos negativos y darles la respuesta apropiada, funcionaba con patrones más primitivos”, apunta Matthew Walker, principal autor del estudio y profesor de psicología y director del laboratorio del sueño de la Universidad de California.

Se comprobó que entre quienes habían sido privados de sueño, aumentaba el volumen de la amígdala, encargada de procesar las emociones en el cerebro, y no conectaba con el córtex del lóbulo prefrontal, la zona encargada de modular la respuesta emocional con el razonamiento o instrucciones de mantener la calma (por ejemplo, si la amígdala se dispara ante una película violenta, el córtex le dice al cerebro -no es una amenaza real-).

En esas personas que no habían dormido, la amígdala conectaba más bien con otra parte del cerebro que reacciona a la amenaza inminente (el locus coeruleus), según el estudio.

“Es la primera vez que se constata a nivel neurológico la observación general de que la falta de sueño lleva a un comportamiento más irracional y se demuestra que dormir responde a una necesidad biológica”, aseguran los investigadores. “Parece que dormir restaura en el cerebro los circuitos emocionales y prepara para afrontar los estímulos del día siguiente”, dijo Walker. Si no se duerme, se rompe ese circuito.

Así, el estudio muestra los riesgos de no dormir lo suficiente. “Y es un primer paso para entender por qué nuestra sociedad parece ser cada día más irracional emocionalmente”, asegura Walker. Los autores también lo relacionan con conductas que se habrían apreciado en profesionales que no duermen lo suficiente, desde soldados hasta médicos o incluso en madres trabajadoras o de bebés.

El estudio muestra igualmente conexiones entre la falta de sueño y trastornos psiquiátricos, según los investigadores, pues al no dormir se estimula excesivamente la parte del cerebro que también se ha visto que se activa con la depresión, la ansiedad y otros desórdenes psiquiátricos. Según los científicos, en muchos trastornos mentales se dan problemas de sueño y el trabajo abre la puerta a discernir si son efecto o causa del trastorno.

Diversos estudios relacionan la falta de sueño con el riesgo de sufrir obesidad, problemas cardiacos o diabetes. Dormir no es un lujo, como esgrimen algunos en esta sociedad que siempre anda corta de tiempo. Es una necesidad. El sueño le permite a nuestro cuerpo descansar física y mentalmente y su privación afectaría a funciones del organismo cuya relación, en algunos casos, apenas se ha empezado a desvelar.

Prensa.com:
http://www.prensa.com/actualidad/psicologia/2007/10/25/

 

 

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