El mundo de las rupturas

Ante el irremediable panorama de una despedida lo más recomendable es ayudar al otro y despedirse sanamente.

Por Ruth Nina Estrella / Especial El Nuevo Día

Las rupturas son la antesala de que el amor llegó a su fin. El amor nace pero también termina. Esta situación es un asunto difícil de comprender sobre todo en nuestra sociedad debido a dos hechos: el concepto del amor como algo eterno y por las ritualidades religiosas en donde se une a la pareja hasta que la muerte los separe.

Hablar de las rupturas es pensar en primera instancia en abandono, en dar nuevas formas a la vida y en aceptar esta situación. Pero ciertamente, es un asunto complejo, así como es un tema delicado por la carga moral que implica.

Cuando se deja, o uno es dejado, se desencadenan diversas acciones y reacciones que provocan miedos, humillaciones, rechazo, desvalorización, ridiculización y, en muchas ocasiones, un mosaico de violencias que puede ir desde lo verbal hasta lo físico.

Toda ruptura, separación o abandono es un proceso doloroso y de un hondo sufrimiento que ahoga a la persona afectada. A veces quien deja a otra persona tan sólo trata -con su acto- de reflejar la honestidad de sus sentimientos o bien la sinceridad de expresar lo que siente. Pero lamentablemente la realidad es que en la mayoría de las ocasiones este acto es percibido como terrible y con malas intenciones.

También, otro aspecto que resalta entre los protagonistas de la relación son los entendidos de que la ruptura es un asunto de ganar o perder. Es una lucha por el poder en el que una persona se recrea como la ganadora de este “round” en la historia de la pareja.

En la separación emocional, las personas sienten que pierden algo valioso o significativo. Es la pérdida del ser amado. Cuando se presenta esta sensación de la pérdida del vínculo sentimental, el piso se fragmenta y se cae en un vacío.

Entonces, se observa que las personas se quedan ancladas en los resentimientos, en el enojo, se expresan reclamos: de lo que no se hizo, de lo que no supo o no quiso hacer o bien de lo que debió hacer para que las cuentas de su historia de amor cuadraran de manera saludable.

No obstante, es importante señalar que si no existe amor entre los protagonistas de la relación, o en uno de sus actores, no hay sentido de pérdida. Por ello, no es sorprendente encontrar personas que ante la ruptura continúan su camino de vida sin ningún problema. Sin memoria, ni recuerdo, ni sentimiento o emociones que pudo evocar la persona dejada o bien de la propia historia de amor que juntos les tocó vivir.

Entre estas causas para la ruptura en una relación la que más afecta a las personas es la infidelidad, el ser abandonado por la existencia de otro ser.

Este abandono implica desconfianza, traición, deshonestidad, entre otros aspectos. En este tipo de ruptura las consecuencias son mayores por las emociones o sentimientos que provocan en la categoría de la persona traicionada. El dolor que causa una pérdida por infidelidad refleja el significado que le otorgamos a quienes amamos. Pero aunque para muchos resulte contradictorio, la gente se deja con la misma frecuencia con que se junta.

Es el momento en que uno desarrolla más preguntas: los por qués o la curiosidad de conocer a esa otra persona que en la actualidad ocupa su espacio. Como decía Roland Barthes: “Me duele el otro”.

Aunque es una etapa de mucha soledad, es común vivirla pero al mismo tiempo es importante reconocer que no contribuye a fortalecer su persona en un momento de tanta desesperanza.

Disolver la pareja de manera saludable fuera lo ideal. Cuando las diferencias son incompatibles lo más adecuado es terminar lo que existió alguna vez.

Vivir con otro no significa que debemos convivir con el sufrimiento. A veces existe una falsa realidad: todo está bien, no se cuestiona la relación, la dinámica y su existencia, no hay compromiso y la relación de pareja existe porque se necesita algo.

En las rupturas, la separación puede realizarse de manera menos dolorosa, en muchos casos lo recomendable sería que un tercero asumiera el rol de mediador.

La despedida pueden reflejar madurez, expresar perdón por el dolor o sufrimiento que provocó la ruptura. La vida fluye rápidamente, y como seres humanos ayudemos al otro en su proceso de recuperación y de reencuentro consigo mismo.

Despedirse sanamente en vez de provocar heridas profundas o hacer daño es un acto de amor. Quizás el único o el último entre esas dos personas.

La autora es directora asociada del Departamento de Psicología, de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. ruthnina2004@yahoo.com

Causas de la ruptura:

  • Incompatibilidad
  • Crecimiento desigual
  • Abuso de sustancia o alcohol
  • Pérdida en la atracción física o sexual
  • Problemas de personalidad
  • Aburrimiento
  • Mala comunicación
  • Dificultades económicas
  • Infidelidades
  • Violencia doméstica
  • Dejar de ver la pareja con ojos de ser amado
El nuevo día:
http://www.endi.com/noticia/relaciones/vida_y_estilo/el_mundo_de_las_rupturas/194109


 

 

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