Conocer para prevenir

PILAR QUIJADA

Estudiar las enfermedades mentales desde una perspectiva global, que integre aspectos clínicos, sociales, psicológicos y neurobiológicos es uno de los objetivos de la recientemente creada Red de Enfermedades Mentales, Trastornos Afectivos y Psicóticos (REM-TAP), que coordina el doctor Celso Arango, jefe de Psiquiatría Adolescente del Hospital Gregorio Marañón de Madrid. La Red está financiada por el Instituto de Salud Carlos III y reúne a 17 grupos de investigación clínica y básica (seis Universidades y nueve hospitales) de seis Comunidades. Entre otras patologías, se centran en la investigación de los trastornos mentales de mayor prevalencia, como la esquizofrenia, el trastorno bipolar y la depresión

Entre los objetivos de este ambicioso proyecto —el primero de estas características en España— destacan la búsqueda de nuevas dianas tarapéuticas, predecir qué pacientes van a responder mejor a la medicación y cuáles experimentarán efectos secundarios o lograr la prevención a través del conocimiento de los factores de riesgo.

Aunque sin duda el objetivo básico de la Red es que «la investigación se pueda trasladar a la clínica y mejorar así el conocimiento que tenemos de las enfermedades mentales», explica el doctor Arango. Un conocimiento que en los últimos años se ha incrementado gracias a las técnicas de neuroimagen que han hecho posible la visualización de las zonas que se activan cuando nos emocionamos, vemos una cara familiar o tenemos obsesiones.

«Las técnicas de neuroimagen han permitido comprobar, por ejemplo, que la psicoterapia induce cambios en el cerebro similares a los que producen algunos psicofármacos, como los antidepresivos y en concreto la fluoxetina», explica Arango. Resalta este experto la importancia que tiene esta observación: «Es muy interesante el hecho de que a través de la palabra, de las experiencias y vivencias estemos modelando el cerebro, que es plástico y está abierto a cambios. Esto explica por qué la genética aunque es el principal factor de riesgo de padecer un trastorno mental, no tenga la última palabra, porque la interacción con el medio ambiente en que vivimos también es importante».

Tan importante que puede influir no sólo en el desarrollo de una patología como la esquizofrenia (la padecen únicamente el 50% de los gemelos idénticos), sino también en su pronóstico: «Aunque la incidencia y prevalencia es igual en todo el mundo, quienes padecen esta enfermedad en la India tienen —paradójicamente— mucho mejor pronóstico que en Estados Unidos, porque las demandas de la sociedad son distintas en ambos países. En India, están integrados en la familia y no se les culpabiliza de que no sean productivos. En cambio, en Estados Unidos tienen mayor probabilidad de sufrir una deriva hacia los estratos más bajos de la sociedad».

Las demandas sociales también determinan la forma en que enfermamos mentalmente. Algo que pone de manifiesto el hecho de que entre las patologías que van claramente en aumento en la sociedad occidental destaquen los trastornos de la conducta alimentaria —que cada vez aparecen a edades más tempranas y ya no son exclusivos del sexo femenino— y los trastornos de personalidad (en especial los trastornos límite y disocial). Este incremento se explica, en opinión de Celso Arango «no sólo por la vida que llevamos sino por las demandas de la sociedad, que hace que las personas más vulnerables se adapten peor».

Exigencias sociales

Y es que con frecuencia pretendemos vivir por encima de nuestras posibilidades —y no únicamente económicas—: «Un niño con un cociente intelectual no muy alto que va a un colegio en el que le exigen tres idiomas y además tiene que ir a clase de música y compaginarlo con otras actividades extraescolares y al que además se le exige que sea muy competitivo y que destaque frente al resto, es fácil que fracase y se sienta infeliz. En una sociedad menos exigente podría adaptarse mejor y ser un adulto feliz. Cuando las demandas a las que estamos sometidos son excesivas se ponen en evidencia con mayor facilidad las limitaciones que tenemos».

En esta sociedad cada vez más exigente, no es de extrañar que casi cinco millones de personas en nuestro tengan que enfrentarse a la depresión en algún momento de su vida. En la actualidad, este trastorno del estado de ánimo es la cuarta causa de incapacidad entre todas las enfermedades y la Organización Mundial de la Salud estima que en el 2020 pasará a ocupar la segunda posición.

Además de la depresión, la esquizofrenia, el trastorno bipolar y el trastorno obsesivo-compulsivo, completan la lista de las veinte enfermedades más incapacitantes en los países occidentales. Cuatro de ellas debidas a trastornos mentales. Y si se tienen en cuenta también las toxicomanías, cinco. puntualiza el doctor Arango.

Las previsiones indican que uno de cada dos europeos va a tener un trastorno mental a lo largo de su vida. «La mayoría de las veces serán trastornos pasajeros y leves. Pero incluso en los más graves —señala el psiquiatra—hay aún una gran resistencia a la demanda de tratamiento por la estigmatización que todavía rodea a la enfermedad mental».

ABC:
http://www.abc.es/20070519/sabados-sabados/psiquiatria-conocer-para-prevenir_200705190852.html

 

 

 

 

 

 

 

 

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